El Pedro que conocemos de los Evangelios, y el Pedro que encontramos en esta carta, parecen dos personas distintas. El primero, siempre habla más de lo debido y cada tanto su entusiasmo lo lleva a extremos inaceptables. Pero el Pedro que escribió esta carta es un hombre serio, hasta modesto, que refleja en sus palabras la realidad de su experiencia.
El Pedro que conocemos de los Evangelios, y el Pedro que encontramos en esta carta, parecen dos personas distintas. El primero, siempre habla más de lo debido y cada tanto su entusiasmo lo lleva a extremos inaceptables. Pero el Pedro que escribió esta carta es un hombre serio, hasta modesto, que refleja en sus palabras la realidad de su experiencia.